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Fuente: www.elespectador.com
El próximo domingo 25 de octubre votaré por Rafael Pardo para alcalde mayor de Bogotá.

Más allá de su programa, con el cual estoy de acuerdo en líneas generales, considero que hay dos características suyas que son claves: es un experimentado, eficiente y honrado administrador de recursos públicos, por un lado, y una persona respetuosa de los demás, por otro.

Pasaron los tiempos en los que el candidato ganador a la Alcaldía de Bogotá se llevaba más del 40% de los votos, como fue el caso de Mockus, Garzón y Moreno. Ver para creer: Samuel Moreno tuvo la mayor votación en la historia de la capital, con 915.000 votos. Quien triunfe el próximo domingo lo hará por un estrecho margen y enfrentará descomunales retos. Enunciar el menú de lo que hay que hacer, en realidad, no es difícil: convivencia, movilidad, seguridad, calidad educativa… Llevar a la práctica los programas, he ahí el meollo.

En un país en el que las diferencias se suelen dirimir en forma ofensiva, bien por parte de los líderes políticos, bien por sus seguidores, Pardo ha demostrado respeto tanto por sus contendores como por su futuro antecesor, verdadero magíster en las artes de la polarización y de la baja ejecución. El respeto es un activo intangible obligatorio para sacar adelante a Bogotá, simplemente porque convoca a diferentes.

Considero que los tres punteros en las encuestas tienen méritos personales y profesionales suficientes para ocupar el primer cargo de la capital, aunque creo que debería haber consecuencias políticas tras ocho años de hondo déficit administrativo y, en cuatro de ellos, de robo sistemático de recursos públicos (2008-2012).

Además de jugar en el centro, de su carácter incluyente, Pardo reúne dos experiencias públicas, aparentemente contradictorias, que ilustran su capacidad de amplio espectro: negociador en el proceso exitoso de paz con el M-19, de un lado, y primer ministro civil de Defensa, con ejecutoria modernizante en la Fuerza Pública, cerrando un período marcado por las mayores tasas de violencia en la historia contemporánea de Colombia, de otro.

Me gusta de Pardo que, junto con Gina Parody (y, no hay que olvidarlo, con el actual alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro), fueron prácticamente los únicos, en su calidad de congresistas, que rechazaron al cabecilla paramilitar Mancuso en el recinto de la Cámara de Representantes en 2004 por su alocución, en la que ellos, los comandantes, aparecían prácticamente como víctimas y personas de bien, obligadas a asumir las consecuencias de la negligencia del Estado.

Lo hizo bien Pardo durante el poco tiempo que ocupó la Alcaldía de Bogotá, después de haber asumido, con éxito, el Ministerio de Trabajo y Protección Social. Ha estado vigente desde finales de los 80 en distintos terrenos. Puede exhibir un registro de cero corrupción en todos sus cargos.

En compañía de Carmenza Saldías, John Sudarsky, José Fernando Isaza, Paul Bromberg, Manuel Rodríguez, Salomón Kalmanovitz y de muchos, votaré por Pardo.

Por: Rafael Orduz

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