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Por esas coincidencias de la vida, el taxista que nos llevó de madrugada hacia el centro de la ciudad, escuchaba a todo volumen una canción inolvidable de Celia Cruz y la Sonora Matancera. Esa que dice “traigo yerba santa…Pa”la garganta…”.

b350ba2d8fd31dad12742341df6ca330El destino era la Plaza de Mercado Samper Mendoza, una de las más tradicionales de Bogotá, donde pasadas las 6 llegaría el candidato a la Alcaldía Rafael Pardo.

Pero cuando llegamos, había otro escenario.

Apenas despuntaba el alba en la Sabana de Bogotá cuando decenas de personas se deleitaban con los sones de Jimmy Gutiérrez y su popular versión de “tomemos guaro”, para calentar el ambiente en la mañana capitalina.

Los sones trepidaban por la plaza y sus alrededores porque era ni más ni menos una celebración más de la fiesta de la Virgen del Carmen.

Al ingresar, olía a matas y a ternera a la llanera. La única presencia de carne en la esquina del gigantesco galpón, porque del resto había matas por todos lados, como en un paraíso vegetariano.

Esta, una de las plazas más antiguas de la ciudad, comercializa entre martes y viernes, cerca de mil clases de yerbas, plantas, hojas, matas, tallos y raíces. Son más de 600 personas las que sostienen a sus familias en este singular mercado.

Los vendedores llegan a las 8 de la noche mientras afuera, los camiones descargan sus preciados tesoros que se venden por mata, por puchos, por manojos y unos que otros por libras.

Dicen que de noche, las yerbas son más frescas y en la madrugada se pueden vender en su esplendor de aroma y de color.

Leonor vende caléndula, manzanilla y yerbabuena. Sus cachetes de rojo intenso la identifican como hija de las tierras calientes de día y de noche de los pueblos de Cundinamarca de donde vienen los cargamentos. San Antonio del Tequendama, Ubaté, Cota, El Rosal, La Vega y un sinfín de pintorescas localidades.

Es la primera en saludar a Rafael Pardo. Le cuenta que los indígenas muiscas fueron los pioneros del uso de las yerbas y este tipo de mercado. Exalta las bondades medicinales de la caléndula para desinflamar y cicatrizar. Y se ufana de vender la yerbabuena para procesar las mejores aguas aromáticas del mundo.

Cada manojo de yerbabuena vale mil pesos. Ese es el precio del viernes porque hay una curiosidad: Es aquí, en el Samper Mendoza, donde se fijan los precios de todas las yerbas que se comercializan en el país, al estilo de una bolsa de valores.

Olvidaba mencionar que hay una fiesta de colores, alegrada aún más por las bombas y adornos de azul y blanco, los colores que según la tradición popular, identifican a la Virgen del Carmen.

19989956760_8574ca002b_zLlaman la atención las matas de sábila que se venden a 6 mil pesos cada una. Para la tos, para las cicatrices, para descongestionar las vías respiratorias y otros cientos de usos, y para algo muy importante: la buena suerte.

Y así sucesivamente Que la planta traída del Amazonas, que las del Valle del Cauca, que las del Tolima, que las esotéricas, las aromáticas, las medicinales…

La manzanilla, la caléndula, el frailejón, el diente de león, la araucaria, el cilantro, el romero, el limoncillo, la zarzamora, el toronjil…

Coteros van y vienen al animarse el ambiente por una orquesta de veterano que ahora interpretan salsa de la buena. Llevan sobre sus hombros dos y tres bultos porque las plantas pesan menos.

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Pardo se declara muy contento por el entorno y dice que la calidad de la gente y el ambiente, justifican de sobra el madrugón. Y comienza a hablar de economía popular, de esa modalidad que implica el movimiento comercial con bajos recursos, pero que fundamentalmente apoya la generación de ingresos y de empleo.

Junto a un puesto de aromáticas, el candidato comenta que encontró como novedad un sector que ha progresado sensiblemente: el de las hojas de tamal, impulsado por un grupo de personas de la comunidad pijao, en el Tolima.

Pero en la Plaza del Samper Mendoza, hay otras sorpresas.

En uno de los costados  Pardo visita una tienda “especializada en el género”. Abundan  moringa, propoleo, aceituna, champiñones, fresas, espárrago, canela, alcaparras, agraz, alfalfa, bomba arábiga, cerezas, cacahuete, alpiste y otras mixturas.

“Lo que no tenemos aquí no existe”, le grita un boyacense que siempre sonríe al público.

Se destaca la afabilidad de la gente, y no es porque haya música y fiesta por la Virgen.

Inesperadamente, la dueña de una tienda “de barrio” localizada en la plaza, le “suelta el dato” a Pardo: las llamadas grandes superficies están detrás del mercado de yerbas más antiguo del país.

El candidato le responde que su propósito es defender al pequeño tendero y buscar que en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial determine exactamente la acción y extensión de los almacenes de cadena.

El diálogo con comerciantes y vendedores se hace abiertamente y don Zenón, un costeño que usa ruana le da a Pardo un trago para curar todos los males de estómago posibles. Al despedirse, le dice: “Doctor Pardo, no se olvide de la tercera edad. Los adultos mayores estamos huérfanos.

Antes de despedirse, Pardo llega a un puesto de venta de ni más ni menos que de ruda: lo que mi mamá nos daba cuando chiquitos para el dolor de oído.
El vendedor, José Leonidas Beltrán, es un personaje singular que le pide un permiso para “echarle un discurso”. Se sobrepone al sonido de la orquesta de la Virgen del Carmen y se despacha: “Que la Virgen del Carmen le conceda ese buen deseo que lleva en mente y que alcance la meta que se ha trazado. Bendiciones”.

20183591431_af915410b7_zMientras el candidato se aleja, me quedo disfrutando del impacto visual y de la grata aroma del momento, En esas, se me acerca un bogotano de pura cepa, que se tomó la primera “pola” a las 4 de la mañana.

Con voz gangosa me dice: “Esta plaza es una verraquera, pero hay una mata que yo no he podido conseguir en 20 años que llevo viniendo”.

-¿Cuál es?- le pregunto.

“La que cura el mal de amores”.

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