Horacio Serpa

 

Por: Horacio Serpa Uribe (*)

Rafael Pardo es el único candidato liberal a la Alcaldía de Bogotá. Lo demás son cuentos, mentiras, hasta engaño, y eso ya es mucho decir.

El Partido Liberal seleccionó, con tiempo, según sus reglas, al mejor de los aspirantes rojos, al más preparado para asumir un reto tan especial. Pardo es serio, responsable, honesto, tiene gran experiencia en el sector público, es hombre de palabra y de decisiones, es experto en seguridad, nació en Bogotá, quiere a Bogotá y espera servirle a su ciudad. Conoce el tamaño de la tarea que le espera y no vacila en aceptarla. Siendo un hombre público competente está seguro de su capacidad y de que es la persona que esperan los Bogotanos.

Algunas personas que han estado en el Partido Liberal se han comprometido con otras candidaturas, lo cual no implica reclamos ni censuras. Sencillamente cambiaron de bandera, lo cual no resulta extraño en esta época en la que no se tiene con las Colectividades políticas el compromiso que en otros países, más serios y  responsables, más democráticos, es obvio. Algunos colombianos se cambian de camiseta partidista como  los jugadores de futbol profesional, según el que los contrate para la próxima temporada.

Lo que está mal es que quienes obran de tal manera utilicen las insignias y el nombre de la Colectividad que abandonaron. Es engañoso y es ilegal. Obrando tan incorrectamente poco favor le hacen a la candidatura que pretenden favorecer. Lo digo porque la L del Partido Liberal se está usando incorrectamente en otras campañas. El Consejo Electoral debe intervenir para poner coto al abuso.

Constituye falta grave, eso sí, que un corporado de cualquier Partido, o quien busca serlo, apoye campañas diferentes a las de su propia Colectividad. Me refiero a Congresistas, Senadores, Representantes, Diputados, Concejales o Ediles, actuales o con aval en las presentes elecciones. Quienes así obren son desleales e infractores e incurren en doble militancia. Es, además, una vergüenza. Deben ser requeridos y si insisten en la falta, sancionados. Lo serán en el Partido Liberal.

No podrán alegar que el liberalismo es libérrimo ni que es el Partido del libre examen. Esos principios tan valiosos y vigentes no pretenden encubrir incorrecciones ni felonías. Cuando en un Partido hay discrepancias se dilucidan al interior y si son insalvables queda el recurso de esperar otra oportunidad o renunciar.

Ninguna organización subsiste sin coherencia ni disciplina. Lo mínimo que se exige en un Partido Político es que se abracen con sinceridad las causas por las que se lucha.

Cualquiera podía decir, “cuales reglas en el Partido Liberal si le acaban de tumbar sus Estatutos”. Se obró contra las reglas, cierto, y la Justicia ordenó poner en vigencia los que se cambiaron. Ganaron los discrepantes y se adelantan las diligencias para que funcionen los Estatutos mal derogados. Pero con cualquiera de ellos y con la ley, no hay Partido sin disciplina ni militante sin obligaciones. Pardo es el único candidato del Partido Liberal.

(*) Codirector Partido Liberal Colombiano

 

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